Tecnologías libres para las redes de arte y cultura

Internet podría llegar a ser en poco tiempo el último reducto para la comunicación de las artes y culturas emergentes o independientes, entendiéndose con ello las expresiones simbólicas y su estudio, que no son considerados en los planes e intereses por los canales oficiales o comerciales, y no cuentan con finanzas que le permitan sustentar sus actividades y productos de manera fija y duradera. Las tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) se perfilan aceleradamente como una alternativa necesaria que compensa cada vez más las deficiencias y omisiones en la estructura y políticas públicas para las culturas y artes contemporáneas en México.

La red, lejos de la herramienta de lujo o para iniciados que fue hace diez años, cuando la WWW despegaba en América Latina, hoy representa una trinchera digital de conocimiento y distribución de bienes intangibles: una arbórea multiplicación de contenidos en un conjunto inacabable de nichos, comunidades virtuales con ciclos de vida propios. Zonas del ciberespacio poblado por islas de información, creíble o popular, seria o chacotera; políticamente incorrectos por “verídicos” o de irreverencia necesaria, por querer ser “correctos” y, claro, gigas y gigas de blog-onanismo; en la red cohabitan los códigos de la revolución y el colmo de la banalidad.

El punto es que se atraviesa la coyuntura histórica de optar por las tecnologías del futuro, que definirán no sólo preferencias, sino identidades y usos culturales neotribales, locales y globales, además de conocimiento estratégico. En este momento se desata una guerra silenciosa entre las tecnologías comerciales y las liberadas. El software libre, que implica un trabajo colectivo de colaboración voluntaria de alta calidad, en proceso permanente, que presenta una alternativa viable, de calidad superior a las tecnologías propietarias del colonialismo digital (léase Microsoft).

Desarrollar o utilizar estas herramientas para las artes, es un punto crítico que generalmente pasa desapercibido para los creadores y la crítica especializada, comunidades que se benefician tangencialmente de estos útiles, pero que reviste una relevancia impostergable para los comunicadores y los informáticos en la creación de plataformas, portales, aplicaciones, sistemas de transmisión, etcétera, para brindar servicios de alta calidad a los creadores y los consumidores de bienes simbólicos.

En este espacio expondremos algunos de los conceptos inherentes a las plataformas de distribución de contenidos en la red.

Precisamente por ese imperativo categórico de ser independiente, es decir, porque no hay de otra, en la red entramos, para bien o para mal, en la lógica aún inefable del universo poliédrico del ciberespacio. Al imperar la máxima personalización de esta lógica, se relativiza y al mismo tiempo se potencian las probabilidades de una nueva clase de éxito, que no tiene que ver con lo comercial, sino con microrredes de prestigio, que puede integrar elementos de comunicación en texto, audio, video y formatos híbridos de multimedia y diversas formas de comunicación instantánea interactiva.

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