2001: Odisea del espacio / una mirada semiótica – primera parte

Por Carlos Ocampo (1954 – 2003) “Es posible considerar que el lenguaje cinematográfico es susceptible de ser analizado a dos niveles; si por parte se le define como un sistema organizado de signos que conforman unidades del lenguaje específicas: cuadro, escena, secuencia, atadas por medios sintácticos como el montaje; por otra parte es dado ubicar al cine como una lengua de la cual se apropia un creador específico para generar un subsistema simbólico que puede permear toda su obra o bien definir un producto especial”.

Así empieza una tesina escrita por Carlos Ocampo en 1989 para terminar el trimestre de cine en la UAM Xochimilco. Alguna vez Gustavo García dijo en clase que Carlos era un “colado” de quiensabedónde, el caso es que hicimos equipo y se aventó esta tesina con nuestra atenta participación en equipo.

Años después se hizo destacado periodista especializado en artes y danza contemporánea en particular, para ser después director del Departamento de Danza de la UNAM.

Me encontré esta tesina y quise rendirle homenaje, con la publicación de este largo e interesante estudio semiótico de una de las obras más enigmáticas de Stanley Kubrick.

z.k.

2001:Odisea del espacio participa del lenguaje general del cine, para desentrañar su sentido anecdótico es necesario que el espectador “lea” la sucesión de cuadros, los resultados de su montaje, los huecos de su elipsis y el hilo conductor de sus secuencias. Pero eso no es suficiente, una vez efectuado esto, y si el espectador no quiere sumergirse en el tedio de la falta de comprensión, deberá avocarse a reflexionar sobre el segundo sentido que flota sobre las imágenes como un sentido que puede clarificarse a través de ciertos símbolos y de su encadenamiento con la anécdota.

Con el objetivo de analizar la lectura de este trabajo se irán planteando líneas metodológicas y conceptos en la medida que funcione directamente para el análisis del film. En primera instancia se ubicará la estructura narrativa de 2001 y simultáneamente se sintetizará la anécdota contada en ella.

Una síntesis y aproximación inicial Introducción. La primera secuencia es en la que se presenta el título del film, consiste en un gran plano general de la Tierra en la que completa un alineamiento que culmina en el “amanecer cósmico”: detrás de la Tierra surge la Luna; y detrás de ésta, el Sol, con un movimiento lento y majestuoso acompañado de la grandilocuente música de “Así habló Zaratustra”, de arranque al film.

Se trata de un amanecer que implica los tres elementos más conocidos en la cosmogonía humana; la Tierra, la Luna y el Sol. Se plantea un inicio. Lo que se va a presenciar corresponde pues al nacimiento, pero a un nacimiento que involucra al hombre y al universo entero.

La alborada del hombre

La primera secuencia corresponde a grandes planos generales de una Tierra árida y desolada. Inmediatamente después de un amanecer, se ve a un grupo de homínidos convivir de cerca con mamíferos primitivos y compartir con ellos la misma fuente alimenticia: los pocos hierbajos que pueden crecer en tan inhóspito terreno. Un grupo de homínidos se enfrenta con otros en la lucha por una charca de agua, la confrontación se efectúa a base de gestos de ferocidad, gruñidos estentóreos y gestos corporales desafiantes. El grupo perdedor se retira. La siguiente secuencia muestra la desprotección de estos protohumanos ante mamíferos más especializados como el leopardo.

Ante la amenazante oscuridad el hombre primitivo no tiene otra oportunidad alternativa que el apiñamiento gregario, los desprotegidos insomnes escuchan rugir a la fiera. El amanecer siguiente los enfrentará al misterio, frente a ellos yace un objeto metálico perfectamente pulido, si simetría cuadrangular contrasta contra la irregularidad del entorno natural. Ante el objeto extraño los homínidos reaccionarán con alarma y desconfianza, poco a poco se acercarán al objeto e intentarán establecer algún contacto con él; un insert enfatizará el contacto de la mano con el monolito.

La siguiente toma presentará a este objeto en primer plano y surgiendo de él a la Luna y al Sol; la música ha alcanzado un nivel de gran intensidad, los alaridos de los homínidos ya no se escuchan; en ese momento hay un brusco corte. A continuación uno de los homínidos, presumiblemente el que tocó al monolito, acuclillado frente a un montón de huesos juguetea; la imagen siguiente es la toma del monolito alineado en contrapicada con la Luna y el Sol, la toma vuelve al primate que tiene en la mano un hueso, comienza a golpear la osamenta, a cada golpe se percata del poder que tiene en la mano; mediante un brillante montaje se intercalan escenas del homínido golpeando con imágenes de tapires cayendo muertos, hay un particular énfasis en la mano que empuña el hueso; la secuencia termina con el paroxismo del homínido en cámara lenta acompañado de la música de “Así habló Zaratustra”.

La siguiente y última secuencia de este bloque corresponde al enfrentamiento de ambos grupos de homínidos (previamente, gracias al descubrimiento del hueso como arma, se ha visto al grupo agredido alimentarse con carne); en la misma charca objeto de disputa se desarrolla una nueva lucha, esta vez el clan perdedor llega dotado de huesos a modo de armas, por supuesto triunfan; uno de ellos, perfilado como líder, eufórico, lanza al aire el objeto que les ha permitido ganar la contienda, el triunfo implicó una muerte: el hueso-arma gira lentamente contra el cielo infinitamente azul; disolvencia…

En este bloque es posible leer que en un mundo inhóspito (se nos presenta una Tierra seca, un Sol abrasador, poca vegetación; en suma: rudas condiciones de vida), el hombre primitivo está a expensas de la naturaleza: depende de ella para alimentarse, es presa fácil de las fieras, no puede defenderse de otras especies más fuertes. El contacto con el monolito permitirá establecer un vínculo con la sabiduría cósmica, de ahí derivará un acto creativo: el descubrimiento de la herramienta, usada inicialmente como arma. Esto facilitará la evolución del hombre; al alimentarse con carne incorporará proteínas que le darán mayor fuerza; simultáneamente el arma permitirá agudizar la lucha del más fuerte, que será quien disponga del agua y del territorio.

La cima tecnológica

Del hueso lanzado por el primate en su euforia, una disolvencia efectuará la elipsis que cubre cuatro millones de años, ante los ojos del espectador, y con el vals Danubio Azul fondeando, una albeante nave con forma de hueso surca el espacio; durante largos minutos sólo diversos tipos de naves danzan en la oscuridad del infinito; en una de ellas viaje el Doctor Floyd; al llegar a la estación orbital (previa identificación por el matiz de su voz) llamará a su pequeña hija para, posteriormente, dialogar con un grupo de colegas soviéticos, ellos le preguntarán sobre el misterio que envuelve a la estación lunar Clavius, pero no obtendrán respuesta. Ya en la Luna, en una junta, el Dr. Floyd explicará el motivo de su viaje y las razones del secreto: se ha encontrado un extraño objeto de procedencia indudablemente extraterrestre, un monolito similar a la secuencia con los homínidos.

Para culminar este bloque se presenta una expedición que se dirige a las excavaciones efectuadas en torno al monolito; alumbrado por reflectores, como un objeto sagrado, yace el prisma rectangular. Los expedicionarios se acercan a él, lo rodean, lo tocan (igual que el hombre primitivo); al posar para una fotografía que muestre el objeto detrás del animado grupo, se escucha un silbido ensordecedor, la imagen del monolito, ahora alineado con la Tierra y el Sol cierra la secuencia.

A través de este bloque, el espectador ha contemplado como de un simple hueso, el hombre ha creado un sinfín de herramientas. De sujeto desamparado ante el medio ha pasado a controlar y modificar su entorno mediante el uso de herramientas; ha sido capaz incluso, de abandonar su habitat natural. Un ciclo se ha cerrado, es posible entonces establecer un segundo contacto con el objeto que representa la sabiduría cósmica. El primer monolito irrumpe en el medio del hombre primitivo; el segundo ha esperado a que la evolución le permita llegar hasta él.

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