La mente es algo terrible de ingerir: in memoriam Albert Hofmann / Los psicofármacos de diseño: presente y futuro: Alexander T. Shulguin

El 30 de abril de 2008 dejó esta tierra a los 102 años el descubridor de la dietilamida de ácido lisérgico, que se popularizó como LSD, es buen momento para reevaluar lo que la política y la ciencia conservadoras prohibieron durante décadas, desde los años sesenta, porque hoy vuelve a ser de interés para médicos y psiquiatras.

Transcribo la nota de obituario de la muerte de Albert Hoffman publicada en el periódico Milenio, y un artículo que se tradujo hace años, escrita por otro cerebro químico, Aleander Shulgin, el padre de las llamadas metanfetaminas, mejor conocidas como éxtasis o “tachas”.

Nota publicada en el diario Milenio (fragmento) del 30 de abril

El gobierno suizo aprobó hace dos años un estudio piloto para investigar los efectos de la droga en pacientes muy enfermos. El objetivo es establecer si el LSD puede tener un efecto positivo para la psicoterapia. También si es posible tomar la droga sin riesgos.

Basilea.- El descubridor del alucinógeno LSD, Albert Hofmann, murió a los 102 años, confirmó a dpa una portavoz de la comunidad de Burg im Leimental, cerca de Basilea, donde vivía el investigador retirado. Hofmann trabajaba en la empresa farmacéutica Sandoz tras estudiar química y en 1943 se topó por accidente con las propiedades alucinógenas del LSD (dietilamida de ácido lisérgico), sustancia que había descubierto cinco años antes.

El LSD, prohibido en los años 60, es hoy interesante de nuevo para los médicos y psiquiatras.

El gobierno suizo aprobó hace dos años un estudio piloto para investigar los efectos de la droga en pacientes muy enfermos. El objetivo es establecer si el LSD puede tener un efecto positivo para la psicoterapia. También si es posible tomar la droga sin riesgos.

Antes de la prohibición mundial del LSD se hicieron muchos estudios, el primero en Suiza en 1947. Investigadores de todo el mundo hicieron además un llamamiento cuando Hofmann cumplió 100 años para que haya un análisis sin prejuicios del LSD y sustancias emparentadas.

El LSD es uno de los alucinógenos conocidos más poderosos. Incluso en dosis de un millonésimo de gramo tiene efectos que duran entre ocho y 12 horas.

El LSD se presenta en píldoras, papel secante o gelatina. Se produce en laboratorios ilegales, entre otros en Holanda y Europa del Este. En la naturaleza aparece como parte de un hongo que crece como parásito en los cereales (cornezuelo del centeno).

Los psicofármacos de diseño: presente y futuro

Por Alexander T. Shulguin traducción: zewx

Cada nuevo compuesto producido por el químico es un vislumbre en el universo de lo inaudito. En el momento previo a su concepción nos e podría encontrar ningún indicio de él en parte alguna del universo. Todo lo que es creado por primera vez en mi laboratorio es al mismo tiempo nuevo en el Universo, y por eso nadie puede decirme cuáles van a ser sus propiedades. Hay emoción en la creación de cosas nuevas. Hay millones y millones de compuestos conocidos ya descritos en la literatura científica y que constituyen nuestro legado químico. El último siglo es más el siglo de la creación que el del descubrimiento de nuevos compuestos.

¿Cuál es el motivo para diseñar nuevas sustancias químicas? Hay tres que, a mi entender, son obvios: sustraerse a las leyes sobre fármacos, sustraerse a las demandas de patentes y el desarrollo de herramientas de investigación. Y cada uno de estos motivos muestra al investigador, al científico y al inventor en un papel distinto y bien definido.

El esfuerzo por eludir la letra de la ley ha dado la expresión “fármaco de diseño”. En Estados Unidos se usa sólo en sentido negativo, y el ciudadano medio la asocia inmediatamente a una finalidad negativa. Del químico que participa en su fabricación se sospecha que intenta eludir las disposiciones legales existentes sobre fármacos. Se da por sentado que está implicado en algún comportamiento inaceptable, y las autoridades intentan frenar su actividad y castigarlo. Los propios fármacos se consideran negativos, concebidos con el único fin de atraer al drogadicto, al marginado asocial, a la escoria de la sociedad.

La segunda razón para diseñar nuevas sustancias químicas es diametralmente opuesta. Es un canto a todos los atributos aceptables de nuestra filosofía occidental capitalista. La justificación sería la siguiente: nuestros competidores ganan una fortuna con la venta de uno de los productos más solicitados del año. Para una compañía farmacéutica, puede tratarse de un antidepresivo; para una empresa agrícola, de un pesticida especialmente eficaz y selectivo; para una compañía de tabaco, de un adictivo que hace que fumar sea más agradable o menos dañino. Por supuesto, cada uno de estos productos estará protegido por una patente blindada. El modo de romper este monopolio es encargarle al químico que se meta en el laboratorio y diseñe una molécula nueva que esquive la letra de la ley que protege la patente. La sociedad responde a este modo de sortear la legislación de forma completamente positiva. Este comportamiento será elogiado siempre por entender que es de absoluta integridad. ¿Y qué ocurre con los propios fármacos? Se aceptarán sin problema y serán considerados de gran valor social, puesto que contribuyen a mejorar la calidad de vida.

Sin embargo, no hay que olvidar que, aunque las razones que justifican estas dos filosofías tan dispares como el diseño de fármacos sean diametralmente opuestas, los fines son los mismos. El motivo es esquivar la ley. Y ganar dinero con ello. La única diferencia consiste en la aprobación o la desaprobación social. En ambos casos los procedimientos son idénticos.

La tercera razón para diseñar nuevos fármacos contiene elementos de los dos ejemplos anteriores: la modificación de cosas conocidas para hacer otras desconocidas, pero además tiene un propósito particular: el diseño de instrumentos de investigación. En este caso, pueden crearse sustancias químicas para el uso de los investigadores. Y una de las áreas más atractivas que quedan por explorar que ha cautivado la imaginación de muchos científicos, es el estudio de la mente humana.

Las herramientas a las que me refiero podrían responder a preguntas sobre todo un conjunto de capacidades específicamente humanas: el pensamiento lógico, la autoestima (o su ausencia), la motivación (o su ausencia), la alegría, la euforia, la desesperación o la esquizofrenia. Algunos de estos inventos pueden hacer que una molécula actúe de manera similar a una droga ilegal, con lo que las autoridades considerarán que viola las leyes vigentes. Otros pueden producir productos terapéuticos de gran provecho comercial, y entonces la sociedad intentará recompensar a su creador. Sin embargo, estos fármacos diseñados para explorar la mente, no actuarán como las drogas ni serán comercialmente explotables. Serán sencillamente eso: herramientas de investigación, interesantes sólo en el hombre.

Y éste es mi trabajo, en esta tercera área de diseño de fármacos; un trabajo que he descubierto que es increíblemente atractivo. Me gustaría describir una pequeña parte de este peculiar mundo de herramientas. El diseñador de una nueva herramienta, un nuevo compuesto, un posible fármaco, se parece mucho a un artista. Tiene un lienzo en blanco ante sí. Tiene una paleta con pinturas, toda la serie de sustancias químicas, solventes, catalizadores y reactivos. En sus manos están la técnica y el talento para crear. En el caso del artista, se trata de pintar; en el del químico, de sintetizar. Y siempre se tiene una imagen intuitiva del cuadro final. Hay un objetivo. Quisiera ilustrar todo esto con un ejemplo.

Se trata de un fármaco de investigación llamado N,N-diiso-propil-triptamina, o DIPT. En cuanto a las consideraciones de diseño iniciales, tenía una idea bastante clara de lo que quería crear. He producido mis creaciones más satisfactorias usando uno de estos tipos de lienzos: el núcleo de la fenetilamina o el de la triptamina. En esa ocasión, sabía que tenía que utilizar la triptamina, pero, ¿cómo embellecerla? La experiencia me había enseñado que rellenando mucho el nitrógeno básico conseguía un compuesto con actividad oral. ¿Debía colocar un grupo en el anillo aromático? No. Nada de complicaciones. Mejor un producto simple, y podría ser un producto simple e instructivo. Debo pedir perdón por mezclar las metáforas del artista y el del químico, pero muchos de los conceptos de la creación de una pintura o de un compuesto son idénticos.

Sigamos con la imagen mental. ¿Qué tipo de vegetación química pongo en la parte derecha del lienzo, sobre el nitrógeno básico? ¿Qué tal un par de grupos de isopropil? Nunca se ha usado en este caso concreto y tienen una atractiva y entrelazada naturaleza tridimensional. Una hermosa forma de dar volumen. En cuanto al concepto, el diseño, está perfilado, y es el momento de poner el óleo en el lienzo. Esta etapa del proceso puede ser difícil o sencilla, pero siempre promete ser instructiva.

Y puede llegar a ser especialmente instructiva si todo va mal.

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Una respuesta to “La mente es algo terrible de ingerir: in memoriam Albert Hofmann / Los psicofármacos de diseño: presente y futuro: Alexander T. Shulguin”

  1. es increible lo de shulguin realmente admirable. me quede con ganas de seguir leyendo acerca del DIPT.
    pensar q la persona q invento o descubrio el LSD un farmaco de diseño taaan criticado murio a los 102 años creo q la cultura mundial esta muy confundida y poco informada

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