Las semillas de la rebelión. Segunda parte. De los beatniks a los webheads, 0.2

Lo que buscaba la generación beat era libertad, sin fronteras, sin ataduras, y la expresión de sus principios era desenfadada, como nunca filosofía y acción. La defensa de toda expansión de la conciencia sería siempre beat.

La forma estaría inscrita en la poesía y manifiestos políticos de Allen Ginsberg, el mar de narraciones hipervinculadas del lenguaje en las creaciones de Jack Kerouac, la experimentación revolucionaria en William Burroughs, harían del universo rebelde de estas mentes las semillas que a 30 años ha cambiado tanto nuestras vidas que no nos hemos dado cuenta.

Esa generación reprimida y apaleada que se desangró en los 60, decidió dejar que los iconos desempeñaran la labor política mientras que cientos de fieles se dedicarían a cambiar las cosas desde adentro, sobre todo en arte y tecnología. Muchos de quienes escondieron hábitos como el consumo de drogas y la convivencia anticonvencional en círculos subterráneos, con sus propios signos de identidad. La estética y filosofías colectivas propuestas por Kerouac, Burroughs, Ginsberg, Gary Snyder, Michael McClure, Gregory Corso y la banda beat, tendió flujos de conciencia que parecen claros en la era digital.

Los viajes interminables de los personajes de Kerouac en On the road, significa la experimentación continua y en éxtasis de lo desconocido y su aprendizaje vital, vertiginoso, de la sociedad de una sola dimensión de los 50 a la multidimensionalidad de lo espontáneo, como el bop del jazz, de allí la influencia indeleble del trompetista Charlie Parker y la pintura en acción de Jackson Pollock.

Estas obsesiones libertarias que llevaron a toda una generación a sumergirse en un sueño hiperreal, y en Kerouac se hace explícita en su máxima creativa: “el primer pensamiento es el mejor”. Ese flujo que sólo acababa con el fin de una novela, demandaba de Kerouac una conciencia continua y se vio en la necesidad de escribir en rollos de papel y, así, en tres días, escribió una de sus obras más oscuras y reveladoras sobre su vida sexual: The subterraneans. Jack soñaba con algún día en que las comunicaciones permitieran una prosa espontánea y un intercambio más rápido de las ideas, e incluso nombró esa época futura como “la era de la prosa espacial”, en la cual, “algo que sientes se convierte en su propia forma”.

Con estas ideas primigenias, Burroughs elaboró su propio universo con la técnica del cut-and-paste (cortar y pegar), un estilo a base de montajes aleatorios, mediante el cual se podría encontrar un reflejo de los procesos de la percepción humana en la forma de representación literaria.

En 1959 asombró a sus lectores con su obra cumbre, Naked lunch, en cuyo prefacio declaró que el orden de la novela pudo ser cualquier otro, con la misma significación, y su visión de la escritura se parecía más a una página de Internet que a un libro: “el libro se derrama de la página en todas las direcciones, visiones de kaleidoscopio, fusiones de melodías y sonidos de la calle, pedos y motines, y los machacantes engranes del comercio”.

Las ideas del budismo zen que preconizaron los beats tiene en su concepto de la vacuidad una relación sutil con la naturaleza multivalente y omnímoda del hipertexto como un modelo de conocimiento colectivo; en Internet la creatividad está distribuida en toda la red, una noósfera en la que no existen las jerarquías autoritarias.

Disfruta otra pieza estupenda con Material y Bill Laswell

Material & William S. Burroughs – The Western lands (a dangerous road mix)

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