Educación en la era de las redes de alta velocidad

Las comunidades de conocimiento en la historia del ser humano han sido los más eficientes transmisores de los valores y evolución de los grupos sociales; desde los escribanos de la antigüedad, los monasterios medievales y las universidades a partir del Renacimiento, hasta las redes globales de las comunidades científicas y académicas de nuestro tiempo, han hecho posible sus descubrimientos e innovaciones gracias a estas redes humanas que comparten el saber y los transmiten a la sociedad.

Las tecnologías digitales de hoy hacen posible muchos de los sueños de antaño, conectando al individuo a sistemas interactivos e instantáneos de comunicación que permiten dar forma y compartir los conocimientos, así como participar en las más importantes decisiones políticas y sociales.

No hay que olvidar que este robusto mundo de telecomunicaciones disponible para el siglo XXI ha sido edificado con el conocimiento de científicos e ingenieros que facilita actualmente al público en general un acceso insospechado a la inteligencia global. Las inversiones y esfuerzos que dieron forma al Internet que conocemos, se dedican a edificar la infraestructura de las redes del futuro, la nueva generación de las herramientas para distribuir el saber.

Los tres bastiones del conocimiento para el siglo XXI:

1. Nuevas aproximaciones al supercómputo, a través del conocimiento compartido por medio de avanzadas comunicaciones en red. 2. Conocimiento en red, que facilita las conexiones intelectuales de una manera nunca antes imaginada. 3. Sistemas inteligentes, que expanden las capacidades humanas de aprender y crear.

La convergencia entre computación y telecomunicaciones promete hacer factible que los nacientes sistemas ultrarrápidos de transmisión de altos volúmenes de datos, se orienten más al uso humano, haciendo más creativa la interacción con las máquinas.

Durante los últimos 35 años la comunidad académica superior ha incorporado el uso de tecnología electrónica a sus métodos de investigación y por eso hoy no resulta extraño que numerosos campus universitarios en todo el mundo cuenten con redes de alta velocidad y ancho de banda para sus actividades cotidianas, con un ambiente computarizado en expansión en aulas, laboratorios y talleres, y desde hace varios años Internet se incorporó a este cuadro, permitiendo el uso de correo electrónico, páginas con índices de contenidos, herramientas para compartir lecciones de manera asincrónica y en tiempo real, haciendo posible en muchos casos colocar cursos completos validados en línea.

En este contexto se ubica el proyecto Internet 2, sobre el cual se han publicado y dicho numerosas incorrecciones o versiones inexactas, como el que se trate de un experimento de la comunidad académica de varios países para atraer fondos en investigación.

Sin embargo, los fundamentos de este ambicioso proyecto parten de un hecho innegable: la calidad de servicio que prevalece hoy en Internet se ha deteriorado por numerosas circunstancias, desde la obsolescencia misma de protocolos, equipos e infraestructura, en relación con la explosiva cantidad de usuarios en el caótico mundo virtual de este medio, con usos que van desde adolescentes que se envían animaciones o pesados juegos electrónicos hasta estudiantes de posgrado e investigadores compartiendo datos cruciales para trabajos de importancia estratégica. Estas contradicciones y erosión de la capacidad de comunicación en Internet han sido los principales argumentos para la búsqueda de una alternativa.

El debate sobre la naturaleza de esta poderosa infraestructura parte de su propia denominación: construye mejoras, extensiones y nuevas capacidades sobre el protocolo de Internet, IP (Internet Protocol), aunque su parentesco con la anterior versión oscurece un poco sus atributos y objetivos.

La visión clara de la participación de instituciones gubernamentales y líderes en la industria de las tecnologías de información, ha cimentado un escenario precompetitivo que fomenta una temprana adopción de modelos vanguardistas con nuevas tecnologías y servicios de entrega de contenidos, por parte de los proveedores comerciales de Internet, en el entendido que sólo el sector privado podrá contribuir con sus recursos en una arquitectura mejorada de Internet para que los usuarios en hogares y oficinas sean beneficiados y fortalezcan con su consumo la retroalimentación indispensable para estandarizar los nuevos productos y servicios.

En la Red que conocemos actualmente las proporciones de confiabilidad en el envío y recepción de datos ha crecido en imprevisibilidad (en detrimento del tiempo y calidad de la entrega), y lo peor es que las aplicaciones electrónicas se diseñan con esas limitaciones en mente. Las tecnologías de nueva generación requieren un grado casi total de garantía en la entrega, con una línea de tiempo definida y una capacidad de transporte aceptable. Algunas funciones requieren que los mismos datos lleguen a múltiples usuarios, mientras que otras deberán respaldar una calidad de servicio para sistemas, asimétricos y así como una confiable interactividad simétrica.

Esta infraestructura de nueva generación en telecomunicaciones que representa Internet 2 está lejos de ser exclusiva para la comunidad académica y científica, como se ha establecido erróneamente, porque ésta ocupa sólo una pequeña porción del mercado de consumo en Red y, sin lugar a dudas, esto significa la apertura de un millonario mercado de consumo masivo y otro de consumidores comerciales e industriales con necesidades de alta capacidad y complejidad en la respuesta a las demandas del primero, pero es trascendental tener en cuenta que estos dos grandes tipos de consumidores aún no demandan los servicios electrónicos de comunicaciones que requiere la educación superior en la era del conocimiento.

Por eso Internet 2 se vislumbra como piedra angular en el desarrollo y distribución de los conocimientos indispensables para cerrar el ciclo virtuoso que llevará estas tecnologías a la sociedad en general.

Ante esta perspectiva resulta claro que la educación superior no sólo seguirá relacionándose fuertemente con el Internet comercial para desarrollar gran parte de sus servicios de comunicación, sino que se marca una acentuada tendencia para migrar hacia el sector privado la plataforma de esta importante toma de decisiones.

La arquitectura mejorada de Internet incluye un nuevo componente en la infraestructura, que permitirá pronto a la comunidad global de educación superior continuar haciendo un uso de calidad de los servicios de Internet, así como tener acceso a una nueva gama de funcionalidades Internet 2. Este componente ha sido llamado GigaPOP, pero podría describirse mejor como Centro de Servicios Internet 2 (I2SC por sus siglas en inglés), que podría visualizarse como un enorme centro comercial, un centro neutral de reunión de distintos proveedores donde los consumidores pueden acudir para obtener una amplia variedad de servicios de transporte de Internet de alta calidad en velocidad y volumen.

Así, una institución universitaria podría utilizar una sola de esas conexiones para facilitar a su comunidad local el acceso a estos servicios de tecnología de punta. En esta fase de aplicación en el ámbito de la educación superior, el proyecto Internet 2 se enfoca en el desarrollo y prueba de la efectividad de un amplio rango de nuevas tecnologías para la enseñanza, aprendizaje, investigación y colaboración, y el crecimiento de los participantes en la alianza institucional-académica-industrial, ha permitido que gran cantidad de universidades en el mundo sumen sus conocimientos y comunidades locales.

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