El sueño cibernético de Norbert Wiener

Estaba en uno de sus delirios creativos, y era tan intensa su costumbre de abstraerse, que su esposa le escribió ese día un papel recordándole que se habían cambiado de casa y de ciudad, para que no lo olvidara. Saliendo de su laboratorio, Norbert Wiener caminó como siempre hacia su antiguo domicilio, atareado en una obsesión cotidiana, cuando hubo de sacar el papel para garabatear su idea, que le desagradó tanto que arrugó y tiró el papel. Al llegar a su casa, vio y recordó que se habían mudado, pero no recordó el nuevo domicilio. Recordó el papel y quiso recogerlo. Una niña lo esperaba con el papel en la mano, y el sabio le dijo: “disculpe, ¿vería por aquí un papel tirado?”, a lo que la niña le respondió: “sí papá, mi mamá dijo que no lo olvidaras”. Así o más extraña puede ser la vida de un sabio, sobre todo en si se es el creador de la cibernética moderna y se es acosado por escabrosos problemas matemáticos. Esa tensión entre el nacimiento de una idea en su tránsito a convertirse en solución un acertijo científico, arremetió con especial furia en la sinapsis neuronal de este hombre, que nació en Suecia en 1894 y murió en plena década de los sesenta, en 1964.

La cibernética se refiere típicamente al estudio interdisciplinario y emplazamiento estratégico de procesos de control comunicativo, en sistemas complejos constituidos por los humanos, otros animales, las máquinas y el resto de la naturaleza viviente. Esta palabra, que en griego se refiere a mecanismos precisos de gobierno y control, fue utilizado por primera vez como referencia de ingeniería humana por Norbert Wiener, matemático del Instituto Tecnológico de Massachussets durante los primeros años de la segunda posguerra mundial. Wiener siempre fue una especie de niño prodigio, que se graduó en doctorado en matemáticas a la edad de 19 años.

Sus ecuaciones integrales y sus teoremas ergódicos dieron realidad a los principios de la cibernética en sistemas cerrados que funcionaban cíclicamente en un proceso de retroalimentación de la información, como algunas ametralladoras de gran precisión, al fin y al cabo estaba empezando la “guerra fría”.

Pero la cibernética entraña un riesgo difícil de ver por su mecanismo transparente, y es su aplicación al control político-social, y se asienta en espacios que sacrifican otras maneras de relacionarse con los mundos en que vivimos. Wiener pensó en un sistema que brindara la imagen de un intercambio comunicativo entre seres heterogéneos; al registrar con todo rigor, monitorear, leer e interpretar estos datos, y respondiéndose unos a otros, par reproducir, modificar, defender, resistir, penetrar o diluir las barreras entre unos y otros.

Cuando Wiener apreció que sus descubrimientos eran utilizados con fines bélicos, renunció para siempre a los acuerdos gubernamentales de apoyo a la ciencia, pero dejó una gran estela de conocimientos que toca ahora a los humanos darle un sentido… humano.

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