Introducción general a la histotria de la música electrónica – Presentación

A partir de esta fecha se empezará a publicar una serie de entregas que busca tener accesible en español una historia consistente de la música electrónica desde sus inicios, que se pierde entre la niebla del siglo XVIII pero con una evolución acelerada a partir de la última década del XIX y principios del XX.

El universo del sonido es un entorno determinante del comportamiento de numerosas especies y de muchos aspectos de la cultura desde los albores de su historia.

Los principios elementales del sonido, su estructuración técnica, codificación social y significación de lo que se conoce como música, una de las artes más emocionantes e intensas, tiene que ver con tantas subjetividades y sentimientos humanos, que todo un seminario no bastaría para exponer su valor multidimensional.

El ser humano ha demostrado siempre un gran afán por cuantificar físicamente cualquier fenómeno. El de la música no podía ser menos; prueba de ello es que el matemático Pitágoras, en una concepción mísica de las vibraciones cósmicas y su formulación matemática, pesó con toda seriedad un grupo de martillos de herrero para averiguar el porqué de su melodioso sonido al chocar contra un yunque. Descubrió que un martillo con la mitad de peso que otro producía con exactitud un sonido del doble de frecuencia. Con ello se estableció el primer principio que rige las relaciones de frecuencia entre los sonidos, imprescindible para comprender la propia naturaleza de la música.

Otra evidencia de la relación entre la música y las magnitudes exactas es el hecho de que en la Edad Media los compositores llenaban las catedrales con el sonido de misas y motetes (composiciones corales polifónicas), que estaban proporcionadas rítmica y numéricamente con las figuras que definían la arquitectura de las catedrales. Su música era tan compleja, que aseguraban que sólo los oídos de Dios eran capaces de apreciar las relaciones numéricas de su interior. Cuando se habla de música, hay que tener en cuenta que los sonidos no sólo guardan entre sí una relación de afinación, sino que además deben sucederse según un orden en el tiempo. Este orden sirve para sincronizarse. A la magnitud que determina una relación similar en el tiempo se le denomina ritmo.

En este ámbito acústico, el ritmo es uno de los elementos mágicos más destacados en la generación de subculturas, códigos y tradiciones, porque da lugar a un fenómeno de trascendental interés antropológico, que es la danza y el ritual colectivo del baile.

La experiencia del ritmo suele fundar una cultura que dura años, desde las bases milenarias de los antiguos africanos hasta las expresiones modernas de cientos de diferentes manifestaciones de la música y el baile, de sólida raíz popular, como sería el vals, la polka, la samba, el danzón, el tango, la cumbia, y tal vez miles de estilos regionales y locales establecidos en la historia.

Significación ritual de códigos de cortejo que se remontan a la seducción entre los sexos y celebración de la fertilidad y la naturaleza.

Las culturas juveniles y sus mercados son tendencias de reciente aparición, y cuya más lejana referencia podría ser el fenómeno de la lectura de El joven Werther, de Göethe, que a finales del siglo XiX causó trastornos entre los adolescentes y hasta una ola de suicidios, imitando al personaje de esa romántica novela.

En los años 60 del siglo XX la masificación y la diversificación saturada del consumo, dan nacimiento a industrias completas dedicadas a proveer productos y servicios para niños, adolescentes y jóvenes adultos, no sólo con una explosión en la oferta, sino el diseño especial de sofisticadas mercadotecnias y campañas millonarias para atraer a estos mercados.

El aumento en los niveles de vida y la cantidad de tiempo libre disponible para los individuos dio como resultado una intensa actividad económica orientada hacia el entretenimiento de vida nocturna, y los salones de baile fueron espacios de convivencia que coadyuvaron a la masificación de las costumbres colectivas del ocio, como una ventana importantísima para entender los procesos históricos de las sociedades modernas y el desarrollo histórico de la música.

Los fenómenos populares en torno de este arte son también señales e indicadores de las distintas caras de la sociedad identidad de minorías y bandera de pioneros de la sensibilidad de una época, cuando se establecen las bases de la innovación estética.

La música electrónica puede considerarse como la más reciente innovación de la subcultura de los jóvenes pero, ¿será una subcultura una actividad colectiva que significa cientos de nuevas producciones de distintos géneros cada semana?

Una industria diversa, compuesta por múltiples actores de igual importancia, organizados en la dinámica propia de una red, integrada por comunidades identificadas por gustos y preferencias en estilos de vida que tienen que ver como la música que escuchan. Productos y servicios, y hasta empresas enteras han sido creados enteramente para satisfacer estas necesidades, procedentes de un nuevo tipo de consumidor, más inteligente, demandante y autónomo.

Este joven, nacido entre los años 70, 80 y 90, son los ciudadanos del siglo XXI, y representan nuevos modelos de pensamiento, más flexibles y menos complicadas que su generación anterior, la llamada generación Equis, nacida a finales de los años 50 y la década del 60, herederos del pesimismo post-industrial.

Por el contrario, estos nuevos jóvenes pertenecen a la revolución digital, tienden a ser optimistas e independientes en sus decisiones. Su filosofía, identificada en el acrónimo anglosajón DIY, Do It Yourself, manifiesta la voluntad colectiva de no esperar a que los otros decidan por el individuo, llámese el Estado, la escuela, y hasta los padres, pues en los nuevos medios y la abundante información a su alcance, forman sus opiniones y juicios con mayor velocidad, lo cual le permite el entendimiento exprés de múltiples fuentes de conocimiento, incluido el de la tecnología.

El aumento de la presencia de este último factor en la vida cotidiana de los jóvenes, impulsa no sólo el mecanismo de una innovación acelerada y diversificación permanente de productos y servicios, sino también una ventaja en la transición hacia las sociedades del futuro.

En este contexto la música electrónica asume un papel simbólico como un infinito universo artificial pero de una riqueza nunca antes soñada por el músico, debido a la aparición de artefactos sonoros como el sintetizador, la computadora, el sampler y el software, sin mencionar las dimensiones de Internet y los formatos revolucionarios emanados de las nuevas necesidades de la sociedad digital, lo que significa la transformación paulatina pero firme de todas las instituciones humanas, desde la familia, la escuela, el gobierno, la economía.

continuará

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