Archivo para diciembre, 2011

Derecho a la información y brecha tecnológica / 1

Posted in CIENCIA Y TECNOLOGÍA, CULTURA, SOFTWARE with tags , , , , on diciembre 9, 2011 by zewx

Uno de los principales argumentos que han acompañado al desarrollo de las tecnologías de información y comunicación (TIC) plantea que se trata de un instrumento paradigmático, clave para la conformación la sociedad del conocimiento, previo paso por la sociedad de la información, que vendría gestándose desde hace varias décadas, desde que la computadora se hizo personal. En contraste con este supuesto casi místico, la retórica filotecnológica no aplica para los países atrasados y con serios rezagos en la distribución de la riqueza, con mucha pobreza y poca educación, como México.

De esta dialéctica entre los deseable y lo posible, más que una oportunidad histórica de cambio y avance social cuyo único parangón sería la invención de la imprenta, significa una circunstancia paradójica –por decir lo menos, sin ser alarmistas–, si concedemos algún crédito a quienes hace una década decían con optimismo que los países emergentes tenían la disyuntiva de aprovechar sólo lo mejor y más avanzado de la experiencia de prueba-error de las naciones desarrolladas en desarrollo tecnológico.

A diez años de distancia, estos postulados distan mucho de asemejarse a la realidad, cuando en los países “emergentes”, algunos como la India llevaron este potencial a su mejor expresión, pero en otros la brecha se aprecia más compleja y profunda, al adoptarse de una manera desproporcionada las peores prácticas en el aprovechamiento de las TIC –en primer lugar falta de políticas públicas y programas nacionales de alfabetización digital–, que hoy campean en los usos generalizados de individuos y organizaciones que –con emblemáticas excepciones–, precisamente nos dan parámetros observables para la reflexión académica transdisciplinaria.

A manera de introducción de una serie de piezas editoriales pensadas para motivar la discusión y el diálogo de estos importantes temas, en muchos sentidos estratégicos para el desarrollo de los modelos de conocimiento implicados en la adopción de las TIC, en  permanente transformación, proponemos algunos elementos que ayuden a perfilar un análisis colectivo.

 

La democratización de los medios de comunicación en las redes electrónicas, y la llamada “revolución digital” en el ámbito de una cultura globalizada, partiría de un axioma dual: libre acceso a la información, que requiere de dos condiciones para cumplirse: que la información esté disponible sin restricciones, y que el usuario cuente con los medios para obtenerla. Sin embargo en el origen de la ecuación está su contradicción, al obviar el uso de las comunicaciones mediadas por computadora, en el proceso acelerado de fusión de las computadoras y las telecomunicaciones, que incluso sorprendió mal parado al propio Bill Gates, que en un principio no creyó en Internet y después enmendó su error con su famoso libro La supercarretera de la información y las inversiones trogloditas para lanzar Explorer, al comprender el inconmensurable potencial económico del ciberespacio.

Según los apólogos de la Nueva Economía, editores de publicaciones emblemáticas como Wired, como el autor del libro Out of control, Kevin Kelly, que advirtieron que las grandes transformaciones serían inevitables, imparables, incluso violentas (Alvin Toffler en Cambio de poder) pero que a la larga harían del ciudadano común un ser más propenso a ser inteligente, lector y productor en potencia de conocimientos, con un acceso libre a la información, ergo, al conocimiento, con una serie de artefactos y servicios “inteligentes”, desde hogares automatizados hasta banca electrónica, donde el teléfono celular transitaría de la simple telecomunicación móvil, a ser una especie de control remoto de nuestras vidas digitales, hoy conceptos que deben revisarse, por supuesto, en tanto que su aplicación, aunque el futuro nos alcance a cada segundo, dista mucho de ser homogénea, e impone una brecha económica y cultural aún más formidable que la que nos tenía encerrados en el “tercer mundo”.

La industria está de plácemes dispuesta a hacer negocios multimillonarios basados en un nuevo y “definitivo” auge en la masificación de la computadora, ahora anidada en dispositivos de telecomunicación personal de banda ancha. Las millonarias ganancias se siguen basando, por un lado, en la obsolescencia planificada, una práctica de filosofía empresarial heredada y mejorada de la era industrial de los electrodomésticos, exportada ahora a las industrias del hardware y software de computadoras y dispositivos móviles, con una cadena productiva que no tiene fin, al contrario, se beneficia de la sustitución de aparatos que caducan por la emergencia de nuevos modelos, fetichizados en agresivas campañas de mercadotecnia viral, independientemente de que los productos sean de muy buena, mediana y hasta mala calidad, porque ante la velocidad de la cadena de producción, no hay lugar ni tiempo para la crítica. Esta práctica de mercado abarca la producción de software comercial, que “corre” de forma simbiótica en la categoría propietaria de los derechos y licencias de uso, que el consumidor final desconoce y no tiene otro remedio que aceptar.

En el curso se ha integrado un impresionante mercado compartido entre tecnologías digitales personales y corporativas y las telecomunicaciones de última generación 3G-4G (desde la variedad de iPhones y iPads en la historia reciente de Apple, hasta la malhadada leyenda negra del Windows Vista), ya que hay poca oportunidad para la crítica especializada oportuna, antes de la adopción masiva, a veces tensada hasta la histeria colectiva, en la estampida fanática de cada lanzamiento, desde Beijing hasta Los Angeles (1).

Internet: vástago rebelde y amorfo de la posmodernidad.

Con más de sesenta años de historia del cómputo en México, la globalización trajo consigo a un hijo prodigioso pero rebelde, llamado Internet, creado en los sótanos militares de la “guerra fría”, finalmente presentado en sociedad en los años 70 del siglo pasado, se lo fueron apropiando, primero los científicos académicos, luego las tribus tecnófilas posthippies, y finalmente los adolescentes del milenio, en un no tan largo proceso de socialización, que debe mucho a la comunidad hacker original, que también se ha transformado sustancialmente en el camino; algunos mantuvieron su espíritu libertario de altruismo radical, y que hoy son responsables tanto de la filosofía y logros del software libre, como de intrusiones a sistemas informáticos en nombre de las más diversas causas y banderas, y hasta creadores de virus y malaware.

Muchos otros se mudaron de la noche a la mañana de lóbregos cuartuchos de cocheras y azoteas, a los edificios futuristas del “valle del silicio”, con tantos millones de dólares en cada bolsillo como para fundar imperios multinacionales y decidir en parte la ruta de esta voraz entelequia llamada cibrespacio, en el cual habitan hoy en día 2 mil millones de personas de todos los países del mundo y que, según el cristal con que se mire, serían la semilla de una ciberciudadanía en proceso de formación hacia la sociedad del conocimiento, con capacidad de ubicuidad global pero arraigado corazón hiperlocal, o triste y sencillamente la formación del mercado más grande nunca soñado por los más afiebrados capitalistas.

LA WWW: Caja digital de Pandora y su gemela 2.0

La emergencia de la WWW a mediados de los 90, llevó en una década al primer gran signo de alerta, cuando miles de negocios florecieron o se mudaron a la Red en una fiebre del “oro digital”, que terminó en la infausta burbuja de las empresas “punto com” que explotó como agria bienvenida al siglo XXI, con una fuerte dosis de cruda realidad, nada virtual, sino eminentemente social, porque  muchos proveedores esperaban una curva de aprendizaje-consumo también a velocidad telemática, pero con las viejas estructuras y lógica de los consumidores cautivos en mundos cerrados como America On Line, cuyo modelo de tecnología Push fracasó escandalosamente, y que hoy vuelve por sus fueros con sus hijos y nietos super carismáticos como son los servicios de Facebook y Twitter, con un rostro chamaco, más amigable y “abierto”, que habla idiomas nativos porque los nativos son invitados gratis, sin que esto deje de ser un millonario negocio transnacional.
Al igual que Google y su asombroso y cada vez más “inteligente” sistema de búsqueda, de información, conocimiento y geolocalización, estos emporios del ciberespacio se ganaron la lotería gracias a la entusiasta y diligente contribución de todos y cada uno de nosotros, que enriquecemos este sistema cada vez que lo usamos, y que aprende con cada tecla que apretamos, en cada trozo de información que enviamos por correo electrónico, sea fotografía, información personal, intimidades o banalidades, porque no hay coma o punto que no se guarde en los servidores de estas empresas, cuya ubicación física es secreto corporativo.

Después de la “burbuja” de fin de siglo, lo que aprendieron los gigantes de las telecomunicaciones digitales fue que los entonces nuevos medios electrónicos en red llegaron para quedarse, por una sencilla razón, propiciaron exponencialmente la creación de comunidades virtuales, sólo habría que esperar un poco de tiempo para regresar con esas grandiosas ideas de los mundos virtuales, incluidos por supuesto enormes “malls” y pasatiempos de inmersión, donde las llamadas “redes sociales”, son el último grito de los hábitos de consumo, ahora en redes móviles que importan los servicios on-line incluidos Facebook y Twitter, y el megamashup llamado Google, son monarcas de la Web desde hace varios años, hoy presentes de manera incisiva los modelos de comportamiento en el mercado simbólico del cine y la televisión, y en un corto periodo de tiempo han posicionado modelos de negocio que hasta hace unos años eran sólo posibles en teoría, y por primera vez generan utilidades a partir de la administración de bases de datos construidas a partir de la arquitectura colaborativa para los usuarios de Internet, lo cual garantiza una multiplataforma de publicidad y empuje de productos y servicios que acompañan al cibernauta en cada acción que lleva a cabo según sus hábitos de navegación y sus gustos personales.

Sirva esta vertiginosa revisión para situarnos en la actualidad en que se presenta una gran disparidad entre el valor potencial de la red y la real capacidad de acceso individual, cuando la banda ancha se convierte en un factor decisivo, y al mismo tiempo en un bien que se encarecen países como México, donde curiosamente vivimos un momento similar al entusiasmo de los primeros años de la WWW, ahora gracias a la explosión de la Web 2.0, que supuestamente traería de la mano la democratización definitiva de Internet, antes de que nos diéramos cuenta, en un par de años, los grandes corporativos mediáticos vieron una oportunidad de oro para montarse en una plataforma aparentemente idónea para sus intereses, en la lógica de los medios masivos, por no mencionar las “estrategias de redes sociales” de la comunicación social de los gobiernos, convertida en una válvula de escape más que en una comunicación interactiva con los ciudadanos.

Y a todo ello, ¿dónde quedó el proyecto social, libre y abierto, de la información y el conocimiento para todos? La brecha tecnológica se vuelve cultura, histórica, cuando se asimila un conocimiento en el momento en que comienza a ser obsoleto, como es la de por sí rezagada producción de contenidos y conocimientos nativos para consumirse on-line, pero que resultan incompatibles con la movilidad que hoy representa el uso de dispositivos personales móviles, iniciativas que resultan irrisorias comparadas con las millonarias inversiones en aplicaciones de uso comercial.

Sirva esta apretada síntesis para proponer una serie de reflexiones encaminadas al diálogo transdisciplinario

Si hay algo que caracteriza al mercado de las telecomunicaciones es que la velocidad de su desarrollo y expansión transforma a su paso modelos sociales, culturales y evidentemente la forma en que se informan y comunican las personas y cómo esa comunicación influye en su vida cotidiana, en sus comportamientos, desempeño académico y profesional y hasta sus hábitos, ocio y hábitos patológicos.

La antítesis del optimismo tecnológico que es parte indispensable del motor mercadotécnico de la industria tiene que ver con los números mismos que la sustentan y en el caso de México es más que emblemático, en vías de convertirse en un síndrome estructural, si se observa que el crecimiento de este segmento de la economía crece 20 por ciento en el país, frente a un raquítico PIB de menos de 3 por ciento, que se estima para cerrar 2011, pero no precisamente porque el sector sea ejemplo de dinamismo, porque este crecimiento desproporcionado se debe principalmente a la altísima concentración del sector, y las prácticas monopólicas que acaparan un mercado en expansión principalmente de la telefonía celular, que se ha convertido en un servicio de  primera necesidad ante los altísimos costos tarifarios y de instalación de telefonía fija. (2)

Los líderes del mercado en franca “guerra” por los usuarios de múltiples servicios que cada vez se distribuyen más a través de la telefonía móvil, sobrepasan con mucho la capacidad de los órganos reguladores del Estado, en este caso la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL), durante años paralizada por los poderes económicos dominantes, y cuyo “activismo” reciente se politiza y los nuevos actores favorecidos por la convergencia, ponen un campo minado que indefectiblemente lleva a tribunales y que al final del día implica parálisis institucional a costa, como siempre, de los ciudadanos y los usuarios, que se ven sometidos a las políticas leoninas de las empresas en la contratación de servicios fetichizados en la mercadotecnia, como paradigma de velocidad “vertiginosa” y acceso “total”, siendo en realidad pocas opciones, de mala calidad, caros y plagados de abusos en la “letra chica”.

Un ejemplo reciente en el país es el del abusivo redondeo por minuto en la telefonía celular, que se impuso durante años a los usuarios, ahora escandaliza a los legisladores, curiosamente cuanto entran otros poderosos actores con gran apetito por este jugoso pastel que se llama triple play, y cuádruple play si se agregan las telecomunicaciones móviles multimedia de banda ancha, tan mítico como el tesoro de Moctezuma.

Aunque esta disparidad se asemeja a la situación de muchos otros países en el mundo, el caso mexicano reviste especial problemática y ofrece en el plazo inmediato particulares visos de urgencia (3).

En busca de un mapa claro de la problemática podemos partir de cuatro coordenadas transversales, que responden a fenómenos estructurales y coyunturales que lo componen:

1) El uso de las TIC como nuevo umbral-referente del acceso al conocimiento.

2) El derecho a la información en la era digital, y la legislación que rige en el país.

3) Concentración monopólica de la industria-mercados.

4) La indigencia y el analfabetismo digital.

Un eje transversal, que da una dimensionalidad particular al problema, es la inteligencia colectiva potencial inscrita en el acceso a la Web 2.0 y en particular en la plataforma móvil, que da al usuario no sólo acceso a la información mundial, sino capacidad de generar contenidos y opinión, y a la larga influir en las decisiones económicas y políticas.

A mediados de la presente década se propuso este concepto como una especie de “tierra prometida” para los cibernautas, y que nos proponemos analizar en las siguientes entregas, teniendo en cuenta que este segundo auge libertario en la WWW se base, principalmente, en el consumo de banda ancha.

NOTAS:

(1) Según Hamadun Touré, de la Unión internacional de telecomunicaciones (UIT), en el año 2000 la cantidad de personas que ocupaba un teléfono eran cercana a los 500 millones, lo que en el 2011 llegó a los más de 5 mil millones. A principios del año 2000 había en el mundo solamente 250 millones de usuarios de Internet, cifra que llegó a 2 mil millones de usuarios en 2011.

(2) La Encuesta en Hogares sobre Disponibilidad y uso de las Tecnologías de la Información reveló que a mayo de 2010, en el país 38.9 millones de personas son usuarios de una computadora y 32.8 millones tiene acceso a Internet. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), informó que los usuarios de internet registraron un aumento del 20.6% respecto al 2009. En México existen 8.44 millones de hogares equipados con computadora, lo que representa un 29.8% del total de hogares en el país y significa un crecimiento de 13.2% con relación a 2009. INEGI informó que en cuanto a conectividad 6.3 millones de hogares cuentan con conexión a Internet, lo cual representa 22.2% del total en México, lo que implica un crecimiento del 22.9% respecto de 2009. http://www.inegi.org.mx/Sistemas/temasV2/Default.aspx?s=est&c=19007

(3) El promedio de suscripciones de banda ancha inalámbrica en los 34 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es de 41.6%, donde Corea ocupa el primer sitio con 89.9% y México el último con sólo 0.5%. Fuente: CN Expansión: http://www.cnnexpansion.com/tecnologia/2011/06/23/mexico-desconectado-de-la-banda-ancha

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