La ensoñación creadora, dejar de aferrar es poético (incluso).

psico-goatPor culpa de la mediatización consumista una multitud ruidosa cree que meditar es para hippies o esnobismo new age, o se cree que es necesario aprender a hacerlo, y se pierde la esencia, con un “eso no es para mí”, y cuando se descubre como la última solución posible para la paz mental, se llega a una fórmula muy sencilla: dejar de aferrarse.

 

Leo en El Libro tibetano de la vida y de la muerte:

 

“Vivimos nuestra vida como una lucha intensa y angustiosa, en un torbellino de celeridad y agresividad, compitiendo, aferrando, poseyendo y logrando, atareándonos constantemente en ocupaciones y preocupaciones superfluas. La meditación es todo lo contrario. Meditar es romper por completo con nuestra forma “normal” de funcionar. Es un estado libre de toda preocupación e inquietud, exento de toda competitividad, en el que no hay deseo de poseer ni de aferrar nada, libre de cualquier lucha intensa y angustiosa y desprovisto De la sed de logros; es un estado sin ambición en el que no hay aceptación ni rechazo, ni esperanza ni miedo; un estado en el que poco a poco empezamos a liberar el espacio de la simplicidad natural de todos aquellos conceptos y emociones que nos aprisionan”.

 

Agrega Sogyal Rimpoché que la mente entrenada es capaz de todo y la mente holgazana diría qué hueva entrenarse, sin pensar que

“ya estamos perfectamente entrenados a tener celos, a aferrar, a sentir angustia, tristeza, desesperación y codicia; entrenados a encolerizarnos ante cualquier provocación. En realidad, estamos entrenados que esas emociones negativas surgen espontáneamente, sin tener que hacer esfuerzo alguno para generarlas”, porque finalmente “todo el dolor, el miedo y la angustia provienen del deseo insaciable de la mente por aferrar”.

 

Paradójicamente la ciencia antropológica moderna coloca al estrés, el dolor y el miedo en la cuna de la humanidad, siendo detonadores de la adaptación al cambio y a las funciones superiores del cerebro, que llevaría a otra paradoja ontológica cuestionándonos qué significa “superior”, en el entendido de que la conciencia es el combustible del sufrimiento y que al final confiere a la razón no una conquista del intelecto sino una condena al ponernos de nariz contra nuestra miseria y la incógnita final del sentido de la vida, que dura un instante y la muerte que es para siempre.

 

Y preguntarse cómo es que la conciencia puede ser capaz de empoderar a la mente y alertarla sobre la importancia de la muerte y de la forma en que morimos, para explicar paradigmas que serían eternos enigmas de la vida, pero además que pueda ser el principio de una liberación, por lo menos del aferramiento a la vida como hoy la conocemos.

 

Este desprendimiento tiene conexiones con el espíritu y génesis de la poesía como experiencia estética y para Bachelart el ensueño es clave para el estado propiciatorio en la creación y goce poético, y para ello evoca una experiencia crepuscular de Victor Hugo durante una visita a Nemours en 1844, que describe este lento sumergirse en la ensoñación para unos, la meditación para otros:

“Todo esto no era ni una ciudad, ni una iglesia, ni un río, ni color, ni luz, ni sombra: era la ensoñación.

Permanecí mucho rato inmóvil, dejándome penetrar dulcemente por este conjunto inexpresable, por la serenidad del cielo, por la melancolía de la hora. No sé lo que pasaba por mi espíritu y no podría decirlo, era uno de esos momentos inefables en que uno siente en sí algo que se adormece y algo que se despierta”.

Al conectar estos pensamientos con el concepto de exocerebro que plantea Roger Bartra, resulta interesante indagar la ruta antropológica en la constitución de circuitos nerviosos extrasomáticos en un desarrollo cultural en que la imaginación, la espiritualidad y la meditación se tornan en conectores que permitan construir dispositivos mentales para subvertir la materialidad de una sociedad en ciclos de crisis cada vez más apretados en una ominosa destrucción del planeta donde incluso el agua pronto podría ser una commodity sujeta a la especulación. ¿Puede el ser humano traer su mente de regreso a casa, todos los días? Habría que meditarlo.

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Una respuesta to “La ensoñación creadora, dejar de aferrar es poético (incluso).”

  1. Un fuerte abrazo querido Alfonso ..

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