Archivo para noviembre, 2015

De las profundidades sinápticas a los artefactos culturales: Roger Bartra y su Antropología del cerebro (primera parte)

Posted in ARTE, CIENCIA Y TECNOLOGÍA, CULTURA on noviembre 28, 2015 by zewx

brainsoutEl libro Antropología del cerebro. Conciencia, cultura y libre albedrío, de Roger Bartra (Fondo de Cultura Económica, segunda ed. 2014)) es una sorpresa fascinante sobre esa materia nebulosa tan abigarrada de misterios, como el universo mismo, como es ese microcosmos electrobioquímico llamado cerebro, y el fenómeno de la conciencia; las conexiones humanas únicas desplegadas en la Cultura y sus relaciones con la realidad, sea ésta lo que sea: un caos cotidiano de sensaciones y decisiones en las que también orbitan la propia ciencia, el arte, y la manera como nos relacionamos unos con otros, donde los lenguajes y códigos han mutado como extensiones del sistema nervioso que se han confeccionado a lo largo de milenios y que se traspasan de generación en generación, de lo genético a lo aprendido.

En una hermosa alegoría del micro y macrocosmos, el cerebro humano encarna tantos misterios y especulaciones como el universo o las profundidades abisales, donde los escasos datos dan lugar a generosas historias científicas, pero en el caso de la bolsa encefálica del ser humano, la posibilidad de rebanarlo hasta lo absurdo, se descubren elementos que dan luz sobre algunos aspectos de su funcionamiento en un planeta global, masificado e hpermediatizado, pero otros prohíjan más interrogantes, y uno entre muchos otros casos, y que siguen maravillando a los científicos sin tener conclusiones claras, es el de Hellen Keller, del cual se conoce más profundamente por la propia iniciativa de esta deslumbrante mujer para documentar su caso y darle explicaciones ontológicas y epistemológicas de gran riqueza para las ciencias neurológicas.

Esta segunda edición ampliada, de 2014, impresiona a cada paso con un nutrido repaso por las más actualizadas investigaciones y teorías sobre el cerebro, la conciencia, la memoria, el conocimiento, la mente creativa, con un abanico impresionante de autores y experimentos que este antropólogo nos regala en su hermoso ensayo de menos de 300 páginas, una de esas lecturas que se saborean con lentitud, por la importancia de su contenido y las revelaciones que paso a poco dibuja el autor con sabia amenidad, para llevarnos suavemente de la mano, como en una charla peripatética a sus planteamientos para responder a la pregunta: ¿la conciencia, el lenguaje y la inteligencia son un fruto de la cultura o están estampados genéticamente en los circuitos neuronales?

Y justo ahí empieza la aventura de Bartra para explicar el funcionamiento de estos mecanismos: “la incapacidad y la disfuncionalidad del circuito somático cerebral son compensadas por funcionalidades y capacidades de índole cultural (…) El circuito neuronal es sensible al hecho de que es incompleto y de que necesita de un suplemento externo. Esta sensibilidad es parte de la conciencia”, y nos dice con claridad, para cerrar el capítulo de arranque: “Mi hipótesis supone que ciertas regiones del cerebro humano adquieren genéticamente una dependencia neurofisiológica del sistema simbólico de sustitución. Este sistema, obviamente, se transmite por mecanismos culturales y sociales”.

Esa es la clave y por supuesto que el autor irá paso a paso deshojado la cebolla de las numerosas investigaciones en distintas disciplinas de las ciencias del cerebro, desde las psicologistas hasta los fisiologistas, explicaciones antropológicas y lingüísticas-semióticas.

En 100 mil años el ancestro de los humanos duplicó el tamaño de su masa encefálica en un proceso evolutivo que sólo podría atribuirse a un motor social y cultural y las mutaciones de adaptación y supervivencia modificaron la estructura y anatomía cerebral-craneana con la expansión parietal y la forma de la corteza hacia una configuración esférica, braquicéfala que además redundó en una alteración de funciones y habilidades, atrofiándose unas como el olfato y modificándose otras como la vista y el oído, y fue como la asunción a un medio extraño y amenazante que produjo el sufrimiento necesario, señala Bartra, que para adaptarse sustituyó las sensibilidades perdidas con sistemas de señales y comunicación, aprendizaje y cultura hacia complejos sistemas simbólicos, incluido el lenguaje, detonante definitivo de lo que algunos científicos como Ian Tattersall prefieren considerar más una mutación que una adaptación al medio.

Bartra, siempre apoyado en los más recientes postulados científicos, calcula que al terminar el último periodo glaciar, hace más de 45 mil años, se desarrolló el proceso de expansión del exocerebro humano, como “un proceso estrechamente conectado al sistema nervioso central”, y esa es la esencia de su hipótesis, al contornear “procesos de plasticidad neuronal en circuitos que requieren de experiencias provenientes del medio externo para completarse de manera normal”.

 

La experiencia estética: la poderosa ambigüedad

Posted in ARTE on noviembre 22, 2015 by zewx

real-artistEste año el filósofo y decano investigador de las artes, Gillo Dorfles, cumplió 103 años de edad, y lo recordé entre mis reciente minería de libros viejos y me encontré con un volumen del Fondo de Cultura Económica, El devenir de las artes, publicado por primera vez en italiano en 1959 y en español en 1963, y que ya prefigura importantes líneas de apreciación de las artes, incluida la era de la reproducción mecánica, el cine, la música electrónica, el cómic.

Hijo centenario de una fina tradición, donde la estética y el diseño son entraña viva de manufactura épica, y entre la ambigüedad ontológica del quehacer artístico, la materia y la técnica, empotrados en un punto de la historia y la geografía, y en su aguda disquisición el oriundo de Trieste apunta que “con el nombre de ambigüedad, puede entenderse un concepto mucho más amplio que se extiende, por ejemplo, hasta las llamadas “notas ambiguas” empleadas en la música de jazz (para indicar el titubeo tonal, natural, en la voz de algunos cantantes negros, obtenido después artificialmente por muchos ejecutantes de jazz, para subrayar, precisamente, la incertidumbre sonora derivada de la diferencia entre la originaria escala “temperada”; concepto extensible también a la llamada “ambigüedad gestáltica”, esto es, a la presencia, en la percepción de idénticas configuraciones por parte de distintos individuos, de una inseguridad perceptiva o de la oscilación perceptiva en la interpretación de fondo y figura; hecho éste que prueba que el artista busca deliberadamente esta imprecisión interpretativa con el fin de crear un efecto de oscilación y de titubeo formal” (pp. 38-39).

La materia, los medios, la técnica de las artes se inscriben en una concepción historicista en el planteamiento de Dorfles, porque “según la época considerada, nos enfrentamos a condiciones particulares de existencialidad (a las que desde luego es posible atribuir razones éticas y sociales, científicas y religiosas) que han hecho indispensable la formación y evolución de una técnica particular: la única idónea y adaptada a aquella época y sobre todo la que correspondió a la actitud particular de percepción del hombre de la misma”, y precisa más en el aspecto técnico más allá de lo material, como un medio expresivo nuevo: “las nuevas sonoridades desconcertantes de los moduladores de frecuencia, ya los materiales inéditos empleados por los escultores modernos (lámina y alambre, cuerdas y chatarra), ya sean los colores salpicados o goteados sobre tela; o los gigantescos serpentines esmaltados de las grandes instalaciones industriales” (pp.49-50), y que prefigura la semilla posmoderna y su proceso desconstructivo de la modernidad y su discurso, porque en las simientes del happening-performance, del land-art, el arte-acción, todo tipo de abstraccionismo, conceptualismo, que invoca fondos y formas en el génesis y polinización de la instalación-escultura-sonora-visual-interactiva, y el despliegue multiplicador de expresiones de las tecnologías digitales y en red y el “tiempo real”, todo ello materia de reflexiones posteriores, como la sinestesia, que el propio Dorfles singulariza en el aspecto psicologista de su estética.