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La singularidad tecnológica y la superinteligencia posthumana. La salvación ¿demasiado tarde?

Posted in CIENCIA Y TECNOLOGÍA, Uncategorized with tags , , , , , , , , on abril 26, 2017 by zewx

singularity

El avance exponencial de distintas ciencias, particularmente la informática y la manipulación de la materia a niveles atómicos, puede ser lo que defina el futuro como utópico o distópico, ambos términos generalmente derivados de la ficción, permiten vislumbrar la solución a muchos de los más ingentes problemas de la humanidad, o la declinación inevitable de la sociedad industrial, nudo en el que se localiza actualmente el debate científico y filosófico.

Según explica el futurólogo Christopher Barnatt en su portal Explaining the Future, esta superinteligencia posthumana puede ser creada totalmente en computadoras; en la extensión artificial del cerebro humano, o el sistema híbrido de sistemas computacionales y cerebrales en una entidad de inteligencia colectiva, activada por un bucle de retroalimentación en que la inteligencia así estructurada llevaría a una tecnología aún más poderosa, y éste, a su vez una inteligencia superior, indefinidamente.

Barnatt menciona que una vez alcanzada la singularidad, para la cual no falta mucho, dicho sea de paso, podrán ser dominadas varias ciencias emergentes y convergentes como Inteligencia Artificial, nanotecnología, ingeniería genética, robótica, cibernética y biología sintética, a niveles nunca antes imaginados.

Indica que las preguntas relevantes tienen que ver con los alcances de la singularidad tecnológica para acabar con los problemas de la humanidad, y en términos prácticos se lograría que al menos 10 mil millones de personas puedan vivir con altos estándares de vida, cuando los alimentos, por ejemplo, puedan obtenerse a partir de cualquier desecho.

Sin embargo, los profetas de la distopía opinan que la singularidad tecnológica no llegará  a tiempo o no será suficiente para sustituir los combustibles fósiles, formados en miles de millones de años, y prácticamente agotados en apenas dos siglos de sociedad industrial y por ello el especialista advierte que estamos frente a la última oportunidad con acciones obligatorias para los próximos veinte años, y depende de que las grandes empresas e inversiones se organicen en planes de largo plazo, pero sobre todo, el compromiso de las personas en el mundo para crear y creer en una Era Verde, en la cual todas las tecnologías confiables de la postsingularidad puedan germinar y dar frutos casi inimaginables, apunta Barnatt.

¿Control o caos?: el futuro es una moneda al aire

Posted in CIENCIA Y TECNOLOGÍA with tags , , , , , , , , , , , , on agosto 28, 2008 by zewx

Con todo ese ruido que hacen los medios y los gurús de la tecnocracia global para convencernos de no quedarnos atrás, para estar de lleno en la era digital, hacia la “civilización del conocimiento”, realmente queda poco espacio para la reflexión, quizá porque hemos perdido nuestra capacidad de asombro y sólo aguardamos a que nos alcance un destino cada vez más en poder de los grandes corporativos, como “nuestro” titán Teléfonos de México, parte de un consorcio extremadamente versátil y abarcador.

Pero precisamente porque la velocidad de los cambios nos invade en silencio, sin que apenas podamos advertirlo, varios de los más grandes innovadores de nuestro tiempo empiezan a preocuparse por el curso que está tomando esta revolución tecnológica sin control. Uno de los más preocupados ha sido William Joy, tanto, que publicó hace unos años un artículo de portada en la revista Wired, la prestigiosa revista ultra-tech, para advertirnos que “el futuro no nos necesita”.

Pero veamos esta cita que incluye en su artículo: “Puede argumentarse que la raza humana nunca sería lo suficientemente tonta para delegar todo el poder a las máquinas. Pero estamos sugiriendo, no que el género humano vaya a dar el poder voluntariamente a las máquinas, ni que las máquinas, voluntariamente, tomen el poder. Lo que estamos sugiriendo es que la raza humana podría permitirse fácilmente ponerse en una posición de tal dependencia en las máquinas, que no tendría otra elección práctica que aceptar todas las decisiones de las máquinas, mientras que la sociedad y los problemas que enfrenta son cada vez más complejos y las máquinas se tornan cada vez más inteligentes, la gente dejará que las máquinas tomen cada vez más decisiones por ellos, sencillamente porque las decisiones hechas por máquinas brindarán mejores resultados que las efectuadas por humanos.

“Eventualmente se alcanzará una etapa en que las decisiones necesarias para mantener funcionando el sistema serán tan complejas que los seres humanos serán incapaces de hacerlas inteligentemente. En esa etapa las máquinas tomarán un control efectivo. La gente no será capaz de simplemente apagar las máquinas porque será tan dependiente de ellas que apagarlas equivaldría a un suicidio”.

Esta cita no proviene de un preocupado científico arrepentido, sino del más famoso luddista de nuestros tiempos, nada menos que el Unabomber. Pero lo más sorprendente es que el pensamiento de este hombre ha impresionado profundamente a Bill Joy, uno de los fundadores de Sun Microsystems y de los lenguajes Java y Jini.

Para él las coordenadas del peligro se ubican entre tres tendencias tecnológicas en pleno crecimiento: la robótica, la ingeniería genética y la nanotecnología, que prometen transformar radicalmente nuestros conceptos más básicos de la vida y el universo, con la posibilidad de transportarnos hacia el “dominio” extraordinario del universo físico, como lo dibujaron hace casi un siglo Einstein, Heisenberg, Bohr, Gödel, Planck, Cantor, Schrödinger. Sin embargo, estas tecnologías contienen el germen del desastre, en tanto que presuponen la autorréplica de organismos creados artificialmente. La autorréplica sin control en estas nuevas tecnologías conlleva un riesgo formidable: un daño sustancial al mundo físico.

Estas tecnologías son tan poderosas que pueden propagar una nueva clase de accidentes y abusos, los cuales están en las manos de individuos o pequeños grupos, y para utilizarlas maliciosamente no se necesitan materias primas raras como el plutonio sino, simplemente, tener el conocimiento.

Joy reflexiona que durante épocas la ley de Moore se ha mantenido correctamente, al predecir una tasa exponencial en el mejoramiento de la tecnología de los microprocesadores. “Hasta hace un año creí que el grado de avances predicho por la ley de Moore continuaría sólo hasta el año 2010 aproximadamente, cuando llegaran a alcanzarse algunos límites físicos. No era tan obvio para mí que una nueva tecnología llegara a tiempo para continuar en este curso. Pero debido al rápido y radical progreso en la electrónica molecular –en la cual átomos individuales y moléculas sustituyen a los transistores– y tecnologías relacionadas en una nanoescala, estaríamos en la posición de alcanzar y hasta exceder el nivel de progreso de la ley de Moore por otros treinta años.

Para el año 2030 seremos capaces de construir máquinas, en grandes cantidades, un millón de veces más poderosas que las actuales computadoras personales. Mientras que este enorme poder de cómputo es combinado con los avances manipuladores de las ciencias físicas y el nuevo, profundo entendimiento de la genética, un enorme poder de transformación estará en manos de los científicos y sus patrones. Estas combinaciones abren la oportunidad para rediseñar completamente el mundo, para bien o para mal: el proceso de réplica y evolución que ha sido confinado al mundo natural, está cerca de alcanzar los territorios de la aventura humana”.

La humanidad ha tenido dos sueños referentes a la robótica:

Que las máquinas inteligentes puedan hacer el trabajo por nosotros, permitiéndonos vivir en la comodidad y el ocio.

Que reemplacemos gradualmente nuestros seres por nuestra tecnología robótica, alcanzando casi la inmortalidad, al poder descargar nuestra conciencia.

¿Qué tan pronto podría construirse un robot inteligente? Los próximos avances en poder de cómputo pueden hacer esto posible para el año 2030. Una vez que exista un robot inteligente, tomará sólo un pequeño paso para llegar a una nueva especie, el robot, que tendrá la inteligencia de hacer copias evolucionadas de sí mismo.

En sus reflexiones, Bill Joy plantea lo siguiente: “gran parte de mi trabajo en los últimos 25 años ha sido en redes de cómputo, donde el envío y recepción de mensajes crea la oportunidad para la autorréplica fuera de control. Pero mientras que la réplica en una computadora o en una red de ellas puede resultar anodina, como la pérdida de información o la caída de una red, una autorréplica sin control en las robótica, nanotecnología e ingeniería genética podría acarrear consecuencias con graves daños al mundo físico.

En 1959 en un discurso memorable, el premio Nobel de física, Richard Feynman, y que más tarde fue publicado con el título: Hay suficiente espacio en el fondo, pregonó las maravillas de un mundo futuro abundante para todos, y 25 años después estas mismas visiones supertecnológicas de una naturaleza reinventada por el hombre fueron expuestas por Eric Drexler en su libro Motores de la creación, en el que describe bellamente la manera en que la manipulación molecular y atómica de la materia resolvería un utópico futuro de plenitud, planteando a su vez que casi todo padecimiento humano o problema físico será atendido por medio de la nanotecnología y la inteligencia artificial. En un libro posterior (Unbounding the future: the nanotechnology revolution), el propio Drexler imagina algunas de las innovaciones que implicará el desarrollo de esta tecnología, con énfasis en la producción de ensambladores a nivel molecular, auténtica caja de Pandora a la vista. Estos ensambladores moleculares trabajarían con una cantidad increíblemente baja y barata de energía solar y Drexler no duda en que serán la clave para: curar el cáncer y otras enfermedades comunes como la gripa, rdeforzando el sistema inmunológico humano; emprender una limpieza completa del medio ambiente; supercomputadoras de bolsillo ridículamente baratas, ya hasta la “restauración” de especies vegetales y animales extintas. Las más aventuradas películas de ciencia-ficción se quedarían cortas.

A simple vista puede verse en la nanotecnología la piedra filosofal soñada por los alquimistas, y Bill Joy se consideraba un entusiasta y después evangelista de la “buena nueva”, dedicándose a difundir sus principios y avances, por lo cual muchos de los problemas actuales se verían con otra luz, optimista y relajada, y así lo expresó en una conferencia en 1989: “sencillamente dediquémonos a hacer nuestra ciencia y no nos preocupemos de los problemas éticos”. Su visión cambiaría diametralmente, como veremos más adelante, pero primero examinemos el pensamiento de otro apologista de la libertad tecnológica y científica, Kevin Kelly, editor de la revista Wired y autor de varios libros, entre ellos Out of control. The new biology of machines, social systems, and economic world (1994), cuya importancia reside en la reflexión acerca de dos maneras de ver el universo: el control o la falta de éste, pronunciándose entre líneas por la primera.

En su libro Kelly acuña una serie de términos conceptuales que tratan de explicar la nueva naturaleza y dinámica de los universos creados por la ciencia y la tecnología en una suerte de co-evolución, en la que se fusionan los ámbitos de lo natural y lo social. A través de su maravilloso compendio reseña los más trascendentales descubrimientos y nuevos conocimientos que desde los años 70 del siglo pasado están conformando la plataforma de la más formidable transformación del planeta, la vida que contiene y, sobre todo, la cultura de sus habitantes inteligentes.

Para expresar sus conclusiones, Kelly inscribe las “Nueve reglas de Dios”, a partir de una pregunta: ¿cómo crear algo de la nada? Y reflexiona: “Aunque la naturaleza conoce estos trucos , no hemos aprendido mucho con sólo observarla. Hemos aprendido más de nuestras fallas en la creación de complejidad y al combinar estas lecciones con pequeños éxitos en la imitación y entendimiento de los sistemas naturales. Por eso, desde las fronteras de las ciencias del cómputo y los extremos de la investigación biológica y los extraños rincones de la experimentación interdisciplinaria, he conjuntado las Nueve Leyes de Dios, la incubación de algo, desde la nada:

  • Distribuir el ser
  • Controlar desde abajo
  • Cultivar los crecientes retornos
  • Crecimiento en fragmentación
  • Maximizar las periferias
  • Enaltecer los errores
  • No buscar lo óptimo; fijar múltiples metas
  • Buscar el desequilibrio persistente
  • El cambio se cambia a sí mismo

“Estas nueves leyes son los principios organizativos que pueden encontrarse en los sistemas operativos, tan diversos como la evolución biológica y en el popular juego electrónico SimCity”.

Nanotecnología. ¿La promesa total? Introducción general

Posted in CIENCIA Y TECNOLOGÍA with tags , , , on julio 25, 2008 by zewx

La nanotecnología (definición Wikipedia; definición UNAM) permite controlar la estructura de la materia, molécula por molécula, con la capacidad de manipular átomos individuales y construir mecanismos con características prediseñadas

Los poderes del microcosmos

Nuestra época vive uno de los más formidables cambios a punto de suceder. En los próximos años veremos que el conocimiento generado por varias generaciones de científicos a mediados del siglo XX, se conjugará con los acelerados avances en muchos campos de la ciencia y la tecnología que llevarán muy pronto estos beneficios a un gran número de personas en todo el mundo, con aplicaciones en la salud, la agricultura, la industria, la energía, el transporte, además de que se abrirán ramas científicas y técnicas totalmente nuevas, que en su totalidad transformarán nuestras formas de vida. Entre las tecnologías que en un futuro cercano producirán este tipo de cambios es la nanotecnología, de la cual se suele decir que es más fantasía y publicidad que un desarrollo práctico, puesto que se considera que está en una fase inicial. Lo cierto es que su desarrollo tiene que ver con diversos campos de la investigación científica.

¿Qué es la nanotecnología?

El sufijo nano significa la milmillonésima parte de un metro, y en términos tecnológicos significa la capacidad de manipular la materia a nivel molecular e incluso atómico, y construir artefactos muy pequeños para una gama prácticamente infinita de finalidades.

Las transformaciones de la materia a nivel microscópico no ha sido ajeno al ojo humano, pero hasta hoy se ha logrado conjuntar los conocimietnos y técnicas necesarias para obtener una dimensión de utilidades tan vasta que en teoría podría resolver muchos de los más grandes males, antiguos y nuevos, que afectan a la humanidad, como el hambre, las sequías, la erosión de las tierras fértiles, la contaminación en todas sus variantes, el remedio definitivo para las enfermedades consideradas hoy incurables. Industrias como la minería se verán totalmente transformadas. La naturaleza es el mejor ejemplo de una maravillosa fábrica de materia inteligente y nuevas formas de vida, diseñadas por el ser humano, al interactuar directamente con las moléculas, para estudiar y explotar los procesos entre ellas a nivel nanométrico, incluyendo, por supuesto, el interior de las células vivas. Aunque las ideas para hacer realidad la nanotecnología ya tienen algo de historia, hasta hace pocos años los científicos cuentan con las herramientas y técnicas necesarias para hacerla útil a la sociedad. Algunos científicos han empezado a investigar cómo reaccionan las células ante topografías formadas por el borde de una capa de moléculas proteicas. Otros han desarrollado técnicas que permiten construir estructuras tridimensionales de moléculas para producir materiales con características definidas, que cambian sus propiedades cuando su medio ambiente se altera (reacción frente al pH, como un ejemplo entre cientos).

A este nivel de sofisticación, será posible diseñar biosensores, biomateriales, e incluso laboratorios integrados en un único chip. Y es que trabajar a pequeña escala implica análisis químicos más rápidos, eficientes y baratos. Los primeros prototipos de microlaboratorio pueden realizar un proceso de electrofóresis en apenas 10 o 20 segundos, frente a una hora o más en los laboratorios convencionales.

Gracias a una emergente tecnología de fabricación de chips llamada “sistemas microelectromecánicos” (MEMS) se podrán fabricar robots del tamaño de una hormiga, giroscopios que cabrían en la punta de un alfiler y emisiones de televisión enviadas directamente a la retina humana. Aunque los microrobots “mágicos” estén a lustros de distancia, ya existen los MEMS y forman parte del presente en industrias de impresión, automotriz y las relacionadas con el envío de señales, como las telecomunicaciones.

La nanotecnología fue derivada de los conocimientos generados en la investigación en la industria de los semiconductores y de las amplias propiedades del silicio, y será una una de mejores alternativas cuando dentro de poco se alcancen los límites físicos del silicio en la acelerada miniaturización de los componentes electrónicos, y hará posible construir computadoras que en lugar de operar con microcircuitos lo harán con procesos químicos.

La velocidad de las reacciones a esta diminuta escala se debe a leyes bien conocidas. Las moléculas deben encontrarse unas a otras para reaccionar, lo cual sólo pueden hacer por difusión. Las escalas de difusión son tales que si reducimos las dimensiones lineales por un factor de 10, el ritmo de difusión se incrementa por 100. De esta forma, reduciendo los volúmenes de 1 microlitro a 1 nanolitro, se obtienen bioanálisis que se pueden hacer 100 veces más rápido.

La precisión del diseño molecular y atómico puede producir estructuras metálicas libres de micro-imperfecciones, incluso las vigas hechas con precisión atómica durarían más y soportarían grandes cargas. La obtención de nuevos materiales y utilización de otros recursos tecnológicos han modificado la concepción de cuanto nos rodea, y la arquitectura tendrá que involucrarse con ella para estar a la vanguardia de los avances científicos y encontrarle fructíferas aplicaciones en la construcción, como es el caso de las cortinas líquidas, vestíbulos a prueba de balas, telas metálicas, aerogel, superconcreto, biocompuestos, pinturas térmicas, muros inteligentes, entre otros. Para un plazo más “lejano”, digamos unos 30 años, los futurólogos esperan invenciones nanotecnológicas que parecen de ciencia-ficción, pero es un hecho que en la actualidad estos avances ya cuentan con aplicaciones prácticas muy importantes.

Todas las maravillas tienen un comienzo. Los primeros pasos

La nanotecnología ha estado entre nosotros como concepto desde hace cuatro décadas. Sin embargo, la investigación seria en este campo dio inicio desde 1989, cuando la compañía IBM perfeccionó un microscopio para escanear y capturar imágenes de los átomos. Desde entonces las aplicaciones concretas han sido pocas, y por el momento los resultados han sido más espectaculares que prácticos, como la misma IBM cuando presentó el ábaco más pequeño del mundo, utilizando moléculas con un dámetro menor a un nanómetro (la milmillonésima parte de un metro), o los investigadores de la Universidad Cornell, quienes construyeron una guitarra de seis cuerdas, del tamaño de un glóbulo blanco.

Muchos años antes, en 1959, en un discurso memorable, el premio Nobel de física, Richard Feynman, que más tarde fue publicado con el título: Hay suficiente espacio en el fondo, pregonó las maravillas de un mundo futuro de abundancia para todos, y 25 años después estas mismas visiones supertecnológicas de una naturaleza reinventada y manipulada por el ser humano fueron expuestas por Eric Drexler en su libro Motores de la creación (1986), en el que describe bellamente la manera en que la manipulación molecular y atómica de la materia conducirá a un utópico futuro de plenitud, planteando a su vez que casi todo padecimiento humano o problema físico será atendido por medio de la nanotecnología y la inteligencia artificial.

En un libro posterior, Unbounding the future: the nanotechnology revolution, Drexler imagina algunas de las innovaciones nanotecnológicas, con énfasis en la producción de ensambladores a nivel molecular, aunque hoy la comunidad científica piensa seriamente que este camino llevará a abrir una auténtica caja de Pandora, por la serie de riesgos que representa este poder.

Nanofuturos posibles. Miniaturas colosales. ¿Qué podemos esperar de la nanotecnología?

Según los futuristas, el medio ambiente tomará una nueva vida mezclado con la tecnología. Las paredes tendrán circuitos lógicos y sensores diminutos; pantallas de alta resolución para la retina, microrobots que tomarán medidas de zonas inaccesibles para el ser humano, conmutadores de fibra óptica con capacidad en terabits, mediante switches MEMS, y otros fascinantes proyectos que se están gestando hoy mismo.

Los ensambladores moleculares trabajarían con una cantidad increíblemente baja y barata de energía solar y los especialistas no dudan que serán la clave para logros que hoy serían considerados casi milagros: curar el cáncer y otras enfermedades actualmente incurables, reforzando el sistema inmunológico humano; emprender una limpieza completa del medio ambiente; supercomputadoras de bolsillo ridículamente baratas, y hasta la “restauración” de especies vegetales y animales extintas.

Colofón con robots miniatura y la paternidad de Asimov

Hace algunos años, los especialistas en ciencias del cómputo proclamaron que la tecnología desarrollada estaba muy lejos de llegar a un robot que emulara aceptablemente algunas de las funciones básicas del ser humano, como el pensamiento. Hoy, el avance tecnológico puede cambiar esta perspectiva, y muy pronto.

Las ideas de contar con entidades autómatas que facilitaran nuestro diario vivir estrían largamente relegadas a la ciencia ficción. Crear una computadora compuesta de un mecanismo biomecánico para efectuar acciones deliberativas, estaba hace algunas décadas en el armario de la fantasía, y entre las lejanas esperanzas de la Inteligencia Artificial.

Pero todo este panorama cambia rápidamente con el desarrollo de nuevas tecnologías que no están necesariamente relacionadas con la Inteligencia Artificial, como del cómputo distribuido y, sobre todo: la computación evolutiva.

Un grupo de investigadores trabaja en el diseño de microcircuitos que se adaptan y evolucionan según los estímulos recibidos del entorno. Bajo estos principios se construyó en 1999 el cerebro artificial más complejo del mundo, para ser implantado en un robot que parece gato llamado Robokoneko, que le permitirá interactuar con el exterior.

El cerebro artificial, denominado Máquina Celular Autómata (CAM por sus siglas en inglés), construido por Hugo de Garis por encargo de la compañía Genobyte, consiste en 37.7 millones de neuronas artificiales, dispositivos físicos que dejan atrás las simulaciones de software. Cada neurona está compuesta de microcircuitos agrupados que simulan los procesos de sinapsis o comunicación entre neuronas. Todo el sistema funciona de acuerdo con parámetros que representan una evolución biológica, pues las conexiones y dispositivos se reconfiguran de acuerdo con los distintos eventos experimentados.

Este desarrollo no sería posible sin la libre colaboración entre científicos de distintas empresas y naciones, y este espíritu es el que podría adelantar en décadas los avances tecnológicos que se atrofiaron en el pantano histórico de la guerra fría.

Por otro lado, las estadísticas no mientes, al señalar que durante la década de los 80 se duplicó el número de robots, primero en áreas especializadas como la exploración espacial, la cirugía y la industria de los servicios, sin que su crecimiento poblacional se detenga desde entonces, estando casi perfectamente integrados máquinas y seres humanos en ambientes de trabajo como la agricultura, la construcción y la industria automotriz.

Después de 1985 los avances en la manufactura de microcircuitos más veloces y pequeños, la tecnología de los microsensores, los descubrimientos de la nanotecnología, la realidad virtual, la inteligencia artificial, etcétera, suponen un avance y mejoramiento sin precedentes hacia la robotización de numerosos de los procesos productivos y culturales de las sociedades actuales.

Las estadísticas insisten en que:

Por cada 10 mil empleados dedicados a la fabricación, el número de robots en el área ascendió de 8.3 a 265 de 1980 a 1996 en Japón; en Alemania pasó de 2 a 79; de 3 a 38 en Estados Unidos, y de 0 a 98 en Singapur.

Durante el mismo periodo la población de robots en todo el mundo pasó de 35 mil en 1982 a 677,000 en 1996, y se estima que la cifra alcance los 950,000 en el año 2000.

Fuente: Robotics

Sin embargo, sería peligroso ignorar las implicaciones sociales, políticas y culturales de este escenario, y bien cabría recordar las tres leyes de la robótica, enunciadas por Isaac Asimov, que siguen inquietando por su simpleza y precisión:

• Los robots jamás deberán lastimar a los humanos, ni por inacción permitir que sean lastimados. • Los robots deben obedecer las órdenes de los humanos, a menos que al hacerlo entren en conflicto con la primera ley. • Los robots deben proteger su propia existencia, a menos que al hacerlo entren en conflicto con las dos primeras leyes.